En estas últimas semanas las redes sociales y medios de comunicación nacional escribían escandalizados en contra de Laura Bozzo, conductora de un programa estilo “talk show” que se transmite por televisa por haber llamado “putita” a una mujer al aire que había engañado a su pareja con varios hombres. Al empezar el show la conductora dice: “En la vida hay víctimas y victimarios, pero la víctima no puede ser una “putita”, no puede ser una “putita” la víctima, como vamos a tener a una víctima que va a confesar que el hijo es de otros si se acuesta con todos”. No sólo eso, si no que termina diciendo: “yo estoy en México para ayudar, para sacar a mis mujeres adelante y esto no puede ser, mujeres como esta deberían estar en a cárcel por prostis”, esto mientras el público le aplaudía con ganas de linchar a esta mujer por ser, pues una PUTITA.
Al día siguiente a como era de esperarse activistas, defensores y defensoras de derechos humanos, feministas, periodistas y cualquiera con acceso a redes sociales despotricaron en contra de Laura Bozzo, su programa y televisa. Hubo toda clase de argumentos, sobre todo centrados en el hecho de que la palabra “putita” era un insulto hacia la mujer, que lo hizo en horario familiar y que atentaba contra la integridad de las mujeres porque repetía y normalizaba los patrones de violencia que existen. Hacían un llamado a la Secretaría de Gobernación para tomar cartas en el asunto, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres envío un comunicado, al igual que el INMUJERES y un sin fin de organizaciones civiles dedicadas a defender los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia. Estas reacciones eran de esperarse, lo que más me sorprendió fue la manera en que esta mujer se defendió, primero diciendo que la palabra “putita” no es tan ofensiva en Perú y otros países Latinoamericanos, segundo justificó que como esta mujer se acostaba con varios hombres no merecía ser llamada víctima y tercero se alza el cuello diciendo que ella es una ferviente defensora de los derechos de las mujeres, que su programa para eso es y que ha recibido premios internacionales por su labor. ¿Que es lo peor? Que muchas mujeres y hombres le creen, hay que linchar a las “putitas” (en diminutivo porque ser prosti o puta significaría que hay dinero de por medio, y esta mujer se acostaba con varios hombres sin cobrar).
Confieso que eh visto el programa mas de una vez por asares del destino y cada vez esta mujer insulta a todas y todos los invitados. Está dando el mensaje de que violentar a una mujer cuando “se lo merece” está justificado. Al desacreditar a esta mujer por prácticas que merecen ser privadas, muestra la fuerza que tienen los estereotipos de género que devalúan a la mujer como “buena” o “mala” y glorifican la figura del “macho” mexicano. Me acuerdo que cuando fue su debut muchas personas hablaban del programa, a algunas les daba risa y por eso lo veían, otras por morbo, las redes sociales se inundaron de comentarios alusivos al programa e incluso hubo una época que la frase: “que pase el desgraciado o la desgraciada” era utilizada con mucha frecuencia. Es más si estas sentada o sentado en alguna sala de espera a esa hora, seguro que es lo que verás en la televisión mientras esperas.
Y si nos hemos escandalizado tanto por este insulto hacia una mujer, ¿Por qué no salen igual estas organizaciones a defender a los hombres agredidos durante el programa? bueno ¿Cual sería la palabra equivalente a “putita” en masculino? O sea, ¿hombre que engaña a varias mujeres? o ¿hombre que tiene relaciones sexuales con varias mujeres?,¿Es ofensivo para los hombres llamarlos “mujeriegos”, “don juanes” “querendones” “zorros”? Por supuesto que no, al contrario, esas prácticas son de cierta manera permitidas culturalmente por el hecho se ser hombres y no se les juzga de la misma manera. Una mujer que tiene varias parejas es tachada en la sociedad, ningún hombre la tomaría en serio porque pues “tiene mala fama”, las mujeres la vemos con recelo, “que ni se le acerque a mi marido por que la mato” decimos, y en general somos quienes peor juzgamos a otras mujeres. En cambio un hombre con varias parejas, es juzgado a lo mejor en el momento, pero en realidad no es tachado en la sociedad, goza de aceptación social, su pasado si puede ser olvidado y bueno, los hombres no hablarían mal de otro que tiene relaciones sexuales con diferentes mujeres. El lenguaje juega un rol importantísimo en el tema de la discriminación y violencia contra las mujeres, las palabras como ”zorro” o “mujeriego” vs “zorra” o “putita” en teoría significan lo mismo “hombre con varias mujeres” o “mujer con varios hombres” pero no dicen lo mismo; a los hombres los glorifican y a las mujeres las satanizan. Y al haber programas que refuerzan estas prácticas, que son vistos por millones de mexicanas y mexicanos de todos los niveles económicos, en donde dejándose llevar por lo que diga la conductora alguna o alguno que otro sin contextualizar lo que está viendo, podría estar acuerdo con la forma en la que explícita o sutilmente se violenta a las mujeres y se consolida el papel de agresor en los hombres; ésta polaridad de roles es lo que no permite que lleguemos a un PUNTO MEDIO y que como sociedad nos volvamos mas y mas cerrados a aceptar la diversidad, mas y mas cerrados a aceptar nuevas maneras de relacionarnos, lo que impide visualizar y aceptar otros roles de género, que no sólo nos encasille en la mujer “buena” o “zorra”, o en el hombre que sólo es agresor, o en la mujer que es responsabilizada por vivir violencia o en el hombre exclusivamente proveedor.
Pero bueno y después de casi 3 semanas de este incidente ¿que ha pasado?, Laura Bozzo sigue con su programa, se sigue percibiendo a sí misma como una “defensora de las mujeres”, sigue utilizando lenguaje ofensivo, sigue reforzando estereotipos de género y sigue normalizando patrones de violencia. Y si bien seguramente ya no llamará “putita” a nadie, según estudios que hicieron organizaciones dedicadas a luchar en contra de la violencia hacia las mujeres, el 88 % de las mujeres que participan son sometidas a violencia psicológica, y en el 77 % de los casos las mujeres son señaladas como víctimas y culpables de la propia violencia que reciben. La situación es preocupante en un país donde cada minuto se producen al menos tres agresiones contra las mujeres, 20 de cada 100 asesinatos ocurren dentro del ámbito familiar y 8 de cada 10 mujeres sufren violencia en alguna de sus forma
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