Hoy es un día especial, es un día muy especial pues el cumpleaños de mi mamá y quiero dedicar este espacio para platicar un poco de ella, para que aquellas personas que no la conocieron la conozcan un poco y para las que sí pues se acuerden de ella.
Cuando pienso en mi mamá pienso en un ser libre, conforme pasa el tiempo me doy cuenta la huella tan grande que dejó pero también me doy cuenta que aunque me duele que ya no esté, también me duele que he aprendido a vivir sin ella. ¿Por qué me duele? Pues porque poco a poco se me van olvidando cosas que no quiero que se me olviden. Por ejemplo ya se me está olvidado la voz ronca que tenía y que cuando llegaba a la casa siempre la oía al cruzar la puerta de la entrada, esa voz ronca ya no la tengo muy clara; se me olvida su manera de hablar y su tono de voz; también se me han ido olvidando su manera de caminar tan particular haciendo ruido por toda la casa, esa sensación de que ahí estaba con sus ruidos se desvanece; se me está olvidando su risa, y sé que era una risa de carcajada muy particular. Se me está olvidando su olor, un olor tan de especial que me duele no poder acordarme de él y aunque sé que perfume usaba no es lo mismo. Me imagino que eso es lo normal cuando muchas veces me repitieron que “el tiempo sería mi mejor aliado”, si ha sido mi aliado pero también mi enemigo.
A lo mejor no me acuerdo de muchas cosas propias de ella y de su esencia, pues el tiempo se ha encargado de que yo de cierta manera siga adelante con mi vida, sin embargo hay cosas que jamas voy a olvidar de mi mamá.
Nunca se me va a olvidar que me enseñó que lo que empiezas hay que terminarlo, siempre me impulsó para terminar todos los ciclos en mi vida, mi mamá fue muy estricta con esto, una vez me dijo: “si vas a entrar a Tea Kwon Doo no te voy a sacar hasta que seas cinta negra” y me lo cumplió, y así fue con todo. Aunque no tengo clara su voz, no se me olvida la calidez con la cual siempre hablaba conmigo, los consejos que me daba y las pláticas intensas que teníamos. Recuerdo lo cariñosa y apapachadora que era conmigo, también me acuerdo que siempre se quejaba de que yo no la dejaba abrazarme tanto. Me dio la seguridad de confiar en mi misma, me hizo ver mis errores y festejaba con singular alegría mis logros, siempre estuvo en primera fila echando porras para todo. Nunca me exigió ser alumna de puro diez pero si le chocaba que le tiraramos a pasar con seis, siempre quiso que fuéramos comprometidos con lo que hacíamos. Tampoco se me olvida cuando visitaba a Mamá Susa y nos llevaba con ella, me acuerdo perfecto de que entraba a esa casa y empezaba a gritar: “Mamá Susa ya llegué, te traje a los enanos”. Me acuerdo perfecto de cuando invitaba a Mamá Mira a comer, que apenas la podía trepar a la camioneta pero que ahí veía como le hacía para subirla y llevarla a la casa, nunca se me olvidará como hizo feliz a estas dos viejitas con sus visitas, las visitaba todos lo jueves por la mañana; me acuerdo de cuando empezó a ir a la biblioteca a darle clases de braille a los ciegos, de como insistió en operar a “Juanita” de cataratas porque no podía con la idea de que alguien no pudiera ver por falta de recursos, también recuerdo como esas visitas a la biblioteca se fueron formando en una idea y esa idea en un centro para ciegos que hoy lleva su nombre; no se me olvida su manera de comprometer a los doctores para operar los jueves y las risas de las anécdotas que tuvo con los ciegos cuando los llevaba a consulta. Tampoco puedo olvidar la época en que dio clases de aerobics en la cárcel de mujeres, siempre dijo que era lo más difícil que ha hecho en toda su vida, siempre llegaba diciendo que ya era su último día, pero cumplió el compromiso que tenía con las internas hasta el final. Siempre corriendo, siempre correteándonos para las mil clases que teníamos y mas aparte las que tenía ella, es chistoso pero yo siempre me acuerdo de ella afuera de mis clases de tae kwon doo, de ballet, jazz, folklore, tennis y si les preguntan a mi hermana o hermanos, ellos dirán lo mismo, ahí siempre estaba. Siempre con una energía que contagiaba, siempre positiva, nunca criticando, agradecida por las bendiciones que le dio la vida. Podría contar mil historias, mil anécdotas pero no me da ni el tiempo ni el espacio para hacerlo.
Mi mamá fue una mujer feliz, me acuerdo que me decía que siempre había que vivir la vida como si fuera el último día de tu vida, ella así lo hizo. Mi mamá subió a una montaña en Vail el 28 de julio del 2000 y ya nunca bajó, se fue haciendo lo que mas le gustaba en el lugar que mas le gustaba en el mundo, donde fue más feliz.
Hoy en especial la recuerdo con mucho amor, me duele que no está, me duele que el tiempo me ha hecho olvidar algunas cosas pero lo que nunca se me va a olvidar es el amor que me dio, lo amada que me sentí por ella, lo orgullosa que era de ser mi mamá, con eso me quedo y me quedo bien. Feliz cumpleaños, te quiero!
Que lindo Pachis, definitivamente tu mamá dejó una huella en todos los que la conocimos y recuerdo como si fuera ayer las épocas del tennis, los aerobics, los torneos,etc, que padre época y que grandes enseñanzas dejó.
ResponderEliminarun beso!
Gracias por compartir algunas anécdotas y enseñanzas de tu mamá en este día tan especial.
ResponderEliminarBeso!
Pachela, yo tampoco voy a olvidarla, fue una mujer que nos hacía sentir a cada una como si fuéramos su mejor amiga. Te mando un abrazo
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