jueves, 14 de febrero de 2013

14 de febrero....Cuando naturalizamos la violencia


La violencia tiene más de un rostro evidente cuando hay gritos y golpes, pero que puede también ocultarse en las formas más sutiles: aquellas en las que hasta podría parecer fuera de lugar nuestra sensación de malestar. Contrario a lo que a veces pensamos, la violencia no implica sólo golpes o insultos, existen otras formas que son justamente las más peligrosas, ya que es mucho más difícil detectarlas en nuestras propias relaciones.    El noviazgo puede ser la antesala de la violencia doméstica, debido a que en esta etapa las y los jóvenes inician su experiencia en las relaciones de pareja aceptadas . En esta etapa es común que la violencia sea disfrazada de amor, lo que la hace prácticamente invisible: los signos del maltrato durante el noviazgo son desconocidos para gran parte de las y los jóvenes, quienes los confunden con muestras de afecto que, en realidad, ocultan conductas violentas.
Así el noviazgo puede convertirse en un caldo de cultivo para las actitudes violentas dirigidas, sobre todo, hacia las mujeres. Los Pellizcos, los celos, las llamadas incesantes, el chantaje emocional, insultos o incluso alguna bofetada son tolerados muchas veces por las adolescentes en nombre del “amor”. Muchas chicas no saben que sufren violencia en el noviazgo porque no cuentan con los instrumentos para identificarla, ya que generalmente se reconoce la violencia física o la sexual, pero no la psicológica o la económica. Es muy común que frases como: “no te vistas así’”, “no quiero que le hables a tus amigas”, “no te lleves con él porque quiero contigo”, “¿no crees que estás muy maquillada?, “demuéstrame tu amor”, se confundan como manifestaciones de amor, cuando en realidad se trata de mecanismos de control. Éstas y otras situaciones aparecen desde el inicio del noviazgo y conforme se desarrolla la relación, paulatinamente cobran mayor intensidad y frecuencia, reproduciendo círculos de la violencia y poder. Actualmente existen tantos mitos acerca del “amor”, tendemos a glorificar que entre más celoso, mas pendiente y más tiempo quiera estar al lado de su novia, entonces, más la quiere. Sí le pide que le hable siempre a la hora que llegue a su casa, si le manda mensajes constantemente y hablan a todas horas entonces socialmente es visto como un hombre enamorado y preocupado por su pareja, en lugar de ser visto como alguien que tiene conductas violentas y que lo único que quiere es tener control absoluto de la vida de su novia. Ojo papás y mamás porque ustedes juegan un rol importante en la formación de sus hijas e hijos, hay que fijarse en focos rojos que les están de alguna manera señalando que algo anda mal.
El patrón de abuso que sufren las mujeres adolescentes en una relación de pareja es similar al que sufre una mujer maltratada adulta. La violencia se presenta en un ciclo llamado “ciclo de violencia” en el cual la mujer se encuentra atrapada. Las diferentes formas de violencia se presentan en este ciclo, ya que el abuso emocional puede estar acompañado de violencia física o violencia sexual. Otra forma de violencia es la famosa “prueba de amor”, muchas veces las jóvenes no se sienten listas de empezar una relación sexual pero se sientan obligadas a hacerlo ya que si no piensan que su pareja las dejará por alguien que si lo haga.
En fin, puedo poner mil ejemplos pero quiero enfocarme a decir que la violencia “se refiere a toda acción u omisión que daña tanto física, emocional y sexualmente, con el fin de dominar y mantener el control sobre la otra persona. Para ello se pueden utilizar distintas estrategias que van desde el ataque a su autoestima, los insultos, el chantaje, la manipulación sutil, presiones para tener relaciones sexuales o los golpes”. Al principio algún comentario incómodo, un jaloneo o una bofetada puede parecer como parte del juego entre los dos, pero luego puede tomar dimensiones tan grandes que incluso se llega a la hospitalización o la muerte. Y ¿Como saber si estás viviendo violencia? Si te hace sentir mal, si te produce un malestar en el estómago como diciéndote que algo no está bien, si tienes miedo de como va a reaccionar, entonces  si vives violencia.  Y ya para terminar, no es que quiera echarles a perder el 14 de febrero, pero si les dejo unos datos que creo merecen atención y reflexión: En nuestro país el 76 por ciento de los/las mexicanos de entre 15 y 24 años con relaciones de pareja, han sufrido agresiones psicológicas, 15% han sido víctima de violencia física y 16 por ciento han vivido al menos una experiencia de ataque sexual. (Datos obtenidos de la encuesta realizada por el Instituto Mexicano de la Juventud). Para ser mas clara en México 1 de cada 3 mujeres sufre o sufrirá algún tipo de violencia en su vida y el 70 por ciento la vivirá a manos de su pareja. 


miércoles, 6 de febrero de 2013

El Acceso a la Justicia De las Mujeres




No es ningún secreto que el acceso a la justicia de las mujeres y en especial las que viven violencia es un camino largo, cansado y poco agradable. Las mujeres que por fin deciden poner una demanda en contra de su agresor muchas veces terminan otorgando el perdón o desistiendo, la sociedad por supuesto las juzga por no haber seguido hasta las últimas consecuencias, las tacha de débiles, de “proteger” a su agresor, dicen cosas como: “¿Quién las entiende?”, “seguro le gusta que le peguen”, “es una masoquista”, etc etc. Poco nos ponemos a pensar realmente lo difícil que es para las mujeres violentadas llevar su proceso hasta las últimas consecuencias, poco nos ponemos a pensar que las mujeres que deciden denunciar son cuestionadas, son re victimizadas, su vida privada es cuestionada pero sobre todo son violentadas por las mismas instituciones que se supone están ahí para protegerlas. Sí, mucho criticamos a las mujeres por no hacen nada por remediar la violencia que viven pero, ¿Realmente es su culpa?, ¿Realmente no quieren salir de una vida donde están en peligro de muerte?, o mas bien no encuentran el apoyo que necesitan para poder hacerlo.

El derecho de las mujeres a vivir libres de violencia y discriminación ha sido consagrado como un desafío prioritario en los sistemas de protección de los derechos humanos a nivel regional e internacional. La promulgación de instrumentos internacionales que protegen el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia, refleja el consenso y el reconocimiento por parte de los Estados del trato discriminatorio que éstas tradicionalmente han recibido en sus respectivas sociedades, lo que ha dado como resultado que sean víctimas y estén expuestas a diferentes formas de violencia, que incluyen la violencia sexual, psicológica y física y el abuso de sus cuerpos. 

Como primer órgano internacional está la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) ratificada en México en 2002 y de ahí la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer ("Convención de Belém do Pará") el cual es el instrumento más ratificado del sistema interamericano. Todo esto refleja el compromiso asumido por los Estados de adoptar medidas que aseguren la prevención, investigación, sanción y reparación de estos actos, refleja el consenso regional de que la violencia contra las mujeres constituye un problema público y prevalente, meritorio de acciones estatales para lograr su prevención, investigación, sanción y reparación. 

Según un estudio de ONUmujeres: “En todo el mundo, la cadena de justicia se caracteriza por los altos niveles de abandono de casos antes de que estos lleguen al tribunal; del resto, muy pocos resultan en una condena. El abandono es un problema particular en los casos de violación. Sólo el 17% de las denuncias de violación llegaron al tribunal y sólo
4% terminaron en una condena por violación. Cerca de la mitad de los casos fueron
abandonados en la etapa de investigación policial, por lo general debido a que el autor
no fue encontrado. Más de tres cuartas partes de las declaraciones de las víctimas
carecían de la descripción del autor. En más de la mitad de los casos, la orden de
detención del sospechoso tuvo que emitirse dos o más veces antes de que el oficial de
policía encargado de la investigación cumpliera con ella. Uno de cada cinco casos que pasaron a la etapa de procesamiento fue abandonado. Dos tercios de los casos llegaron al tribunal, pero la mayoría fueron desechados por el tribunal antes de llegar a juicio.
De estos casos, 63% fueron retirados por la víctima o la víctima no pudo ser encontrada. En 14% de los casos, la evidencia se perdió o no se obtuvo. Alrededor del 17% de los casos denunciados llegaron al tribunal. Los casos en los que se documentaron las heridas tenían más probabilidades de proceder a juicio y resultar en una condena. El 4% de los
casos denunciados resultaron en una condena por violación, mientras que otro 2% fueron condenados por otros delitos. Del 41% de las condenas susceptibles de merecer cadena perpetua, sólo el 4% (tres personas en total) recibieron esta sentencia”.


Y bueno todas estas convenciones internacionales se oyen muy bien pero el problema radica precisamente en la poca voluntad que existe por prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Pueden existir mil leyes que protejan a las mujeres pero si no hay quien las aplique es como si no existieran. 

En Tabasco de acuerdo con la Procuraduría de Justicia del Estado (2009), del total de querellas por violencia familiar que se registran en el año 2010, -2 mil 300-  en el  80% de los casos las mujeres otorgan el perdón.

Nos encontramos ante un problema de derechos humanos de las mujeres y lo volveré a decir, es necesaria la aplicación de métodos que sensibilicen a la población, el primer paso para esto es entender que la violencia contra las mujeres es un problema grave, de salud pública, social, económico y hasta político que tiene consecuencias graves tanto en la víctima como también en el agresor. No serán suficientes las reformas y los cambios legales, que aunque "mejoren" las condiciones de las mujeres, si no se hace un trabajo de fondo que ataque de raíz el problema. 



jueves, 24 de enero de 2013

Violencia económica


Ya he escrito sobre los tres principales tipos de violencia, o más bien sobre los tres tipos de violencia más conocidos, pero existe otro que aunque sea menos conocido no deja de ser igual de importante y hablo de la violencia económica. 
En la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia está definida como:” toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima. Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro laboral”. Por su lado la Ley Estatal De Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia establece que violencia económica es: “toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima, se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de su percepciones económicas”. Prácticamente las dos dicen lo mismo y en palabras sencillas es utilizar el dinero para ejercer poder, control y miedo. Se preguntaran, ¿Y esto, es violencia?, sí porque si partimos de que violencia contra las mujeres es: “Cualquier acción u omisión basada en el género que les cause a la mujer de cualquier edad daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público y que se expresa en amenazas, agravios, maltrato, lesiones y daños asociados al a exclusión, la subordinación, la discriminación y la explotación y que es consubstancial a la opresión de género en todas sus modalidades afectando sus derechos humanos”.

La violencia económica como algunos tipos de violencia psicológica tiende a ser muy silenciosa ya que es naturalizada y aceptada en nuestra sociedad como parte de roles que nos toca desempeñar en una familia como hombres y mujeres, es decir, pensamos que va con el paquete de ser ama de casa y proveedor.
En las familias en donde los roles de género son más arraigados y tradicionales se ejerce este tipo de violencia con mucha más naturalidad, esto se da también por la poca valoración que existe hacia el trabajo que se hace en casa y que lejos de ser reconocido se percibe como: “es que mi mujer no hace nada”, o “mi mujer es una floja”, o las mismas mujeres al preguntarles a que se dedican, la mayoría contesta “a nada, bueno soy ama de casa”. 

Las víctimas son privadas o tienen muy restringido el manejo del dinero y la administración de los bienes, con lo que se crea una situación de estrés en la familia, relacionado con los ingresos económicos. Del mismo modo, el agresor busca  evitar que la mujer tenga acceso a los bienes muebles e inmuebles a los que también ella tiene derecho y le pertenecen.  Así,  muchas veces el hombre pone los bienes a nombre de otra persona como forma de esconderlos. 

No siempre es fácil de detectar pero principalmente hay dos maneras de como el agresor ejerce violencia económica:

  1.  La primera es que él es el proveedor por excelencia, en la casa no falta nada, el refrigerador lleno, todos los servicios pagados, no se debe nada, pero todo es de él. Controla cada peso, supervisa hasta lo que se gasta la mujer  en el salón de belleza, no le da efectivo a su pareja (todo es con tarjeta, pues así vigila y controla los gastos), la vivienda es de él y amenaza con quitarle todo a la mujer y dejarla sin nada, hasta con quedarse con lo hijos, con cualquier pretexto.
  2. La segunda es todo lo contrario. Es aquel agresor que “vive de su mujer”, pero a pesar de que ella mantiene el hogar, éste se atribuye la postura de manejar todo el patrimonio como si fuera dueño absoluto de todo y, de esa forma, fiscaliza y supervisa todos los gastos, ingresos y demás decisiones alternas. El agresor en estos casos lo hace a veces de una manera muy sutil, siempre dice que no tiene dinero, que tiene que ayudar a su madre, que le robaron la cartera, que se le perdió el dinero, que le bajaron el sueldo (nunca dice cuánto gana), algunos incluso tienen sus cuentas y bienes a nombre de otras personas, se hacen de la vista gorda, pues saben que su pareja no va permitir, por ejemplo, que corten la energía eléctrica, o saquen a los niños de la escuela, etc. 

Con esto a lo mejor dirán, “las mujeres también ejercen este tipo de violencia”. Si, probablemente también la ejerzan pero aquí hay que recalcar que hablo de una situación donde hay una víctima y un agresor, donde la finalidad es ejercer poder y daño sobre alguien que el agresor sabe puede controlar y manipular y donde víctima y agresor no están en una situación de equidad. 
Vivimos bajo el esquema: “el que paga manda”, la violencia económica tiene serias repercusiones sobre la autoestima y el empoderamiento de las mujeres. Muchas mujeres se convierten en mendigas en sus propios hogares, al tener que estar pidiendo dinero para cubrir las necesidades básicas de la familia. Entendamos que la desigualdad en términos de relaciones de poder o de participación en la toma de decisiones es una de las causas que mantienen a una sociedad en el sub desarrollo. Hoy más que nunca, la reducción de las inequidades de género contribuiría a establecer una mayor justicia social y mejores condiciones de vida para hombres y mujeres. 

jueves, 17 de enero de 2013

Hostigamiento Sexual y Acoso Sexual


La semana pasada escribí sobre lo que es la violencia sexual sobre todo abordando una de las maneras en que se perpetran las formas más brutales de violencia contra las mujeres y que es la violación. Queda claro para todas y todos que la violación es un delito grave, sin embargo, y como lo dije la semana pasada vivimos en un mundo en donde se nos enseña a las mujeres a cuidarnos y a no vestirnos de tal o cual manera porque si lo hacemos podríamos ser atacadas en lugar de enseñar simplemente a los hombres a no violar. Ya dicho esto, entonces puedo decir que usualmente se culpa a la víctima en estos casos, ¿Cuantas o cuantos de nosotros no hemos cuando escuchamos un caso de violación no hemos pensado que a lo mejor “ella lo provocó”? O ¿Que hacía en la calle a tal hora? O ¿Que traía puesto?, siendo honestas y honestos yo creo que la mayoría hemos en algún momento pensado así. Y ¿Por qué pensamos así?, creo que tienen que ver con muchos factores sociales y de género y creo que tiene que ver también con minimizar muchas conductas cotidianas que parecen “inofensivas” y otras que no parecen tan “inofensivas” pero las dejamos pasar porque como mujeres a veces sentimos que es lo que viene con el paquete y como hombres piensan que tienen derecho pues los hombres “así son”. Todo esto tiene que ver con lo que conocemos como acoso y hostigamiento sexual, ojo, no son lo mismo y hay que aprender a diferenciar entre una y otra.

Según la Ley General de Acceso a las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia al  hostigamiento sexual como:  “el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva”. Entonces cuando alguien se aprovecha de la posición que tiene para acechar a alguien es considerado hostigamiento sexual, esto se da mucho en los lugares de trabajo. 
Sé de muchos casos de mujeres que se sienten incómodas porque un jefe las hostiga y cuando se quejan rara vez encuentran una respuesta adecuada, al contrario, las revictimizan, haciéndolas sentir responsables de la situación que viven, las cuestionan sobre su manera de vestir y sobre su pasado, sobre si cuantas parejas ha tenido, etc, etc. Cuando les va bien, al agresor cuando mucho lo único que harán es cambiarlo de área. El agresor generalmente es protegido en estos casos, y ¿Por qué? Pues porque vivimos en un mundo en donde no se nos hace para tanto pues “es hombre y los hombres así son”.

El acoso sexual se define como: “una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos”. Esto es cualquier situación que te haga sentir incómoda y que te sientas en riesgo de que algo te podría pasar. Pongo el ejemplo del cuál escribí ya hace varios meses de una mujer que era acosada sexualmente por un empleado del edificio de enfrente de donde vivía que le gritaba obscenidad y media cuando salía a la calle o desde su lugar de trabajo la espiaba. La mujer fue a poner una denuncia al MP en el Distrito Federal y le dijeron que a menos que esta persona no le hiciera nada no podían proceder, ella asustada sube un video a twiter donde explica su situación y bueno el video creo que dió la vuelta en todo México, finalmente si atendieron su caso las autoridades pero su actuación fue prácticamente nula y creo que al final ella optó por cambiarse a vivir a otro lado. Aquí lo desafortunado es que como sociedad tendemos a minimizar el acoso sexual, a menos que no exista una violación o un intento de hacer daño, se le da poca importancia, a las mujeres inclusive se nos tacha de exageradas y pues ante esto lo más probable es que nos quedemos calladas, o que aceptemos como “natural” que el caminar en la calle, subirse al metro, subirse a un taxi, tomar el camión, etc etc, será motivo de que a lo mejor seremos violentadas. 

El hostigamiento y acoso sexual son delitos,y cuando digo delito es porque el pleno de la Cámara de Diputados aprobó reformas al Código Penal Federal por las cuales se sanciona hasta con cuatro años y medio de cárcel, claro que por ser considerado como un delito “no grave” la persona tiene derecho a salir bajo fianza pero el punto aquí es, que no se debe minimizar y no se debe ver como algo “natural”, la Ley General de Acceso De las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia inclusive tiene un estatuto de poder solicitar una orden de “no acercamiento”. El hostigamiento sexual debe ser un punto para correr del lugar de trabajo a cualquier agresor, pueden haber mil leyes que protejan a las mujeres, de nada sirven si no hacemos consciencia de lo mucho que naturalizamos y minimizamos algunas prácticas de violencia sexual, no porque no sea violación quiere decir que no tenga importancia, no por ser mujeres tenemos que aguantar hostigamiento o acoso sexual sólo porque creamos que es lo que nos toca y NO por ser hombres tienen derecho a violentar sin ninguna consecuencia.

jueves, 10 de enero de 2013

"NO me digas a mí como vestirme, diles a ellos que NO violen"


Según la Ley General de Acceso a las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia la violencia sexual se define como: “cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto”. En efecto, en el ejercicio de la violencia sexual se plasman relaciones de poder que se ejercen en el cuerpo de las mujeres, de esta manera, se convierte a la sexualidad y a la capacidad reproductiva de las mujeres y a sus cuerpos en un espacio sobre el que se perpetran las formas de violencia más brutales. 
Utilizando internet como principal herramienta para recabar información sobre casos de violencia contra las mujeres, me doy cuenta que la violencia sexual no se presenta de manera aislada ni intermitente, es decir, es una constante de países tanto de primer mundo como en desarrollo, en países donde hay guerra y donde hay paz, donde existe democracia y donde no la hay. 
Solemos pensar que las mujeres están rezagadas en países lejanos como en Africa o en Asia, pensamos que las mujeres que viven en países de primero mundo siempre son escuchadas cuando sufren algún tipo de violencia, sobre todo sexual; si bien entre más avanzado es el país y la sociedad, la brecha de desigualdad de género se cierra y por lo tanto las mujeres tienen mejor acceso a la justicia hay algo que permea y es que de alguna u otra manera se responsabiliza a la víctima.
La sanción social contra las mujeres que denuncian su caso ante el sistema judicial es especialmente aguda en los casos de violencia doméstica y sexual, siendo éste el único delito en el cual se juzga más a las víctimas que al agresor, donde se ven expuestas a un procedimiento penal en el cual su vida es motivo de investigación y escrutinio, donde son cuestionadas por su “participación” en el delito, donde su pasado es motivo de investigación y donde entran en juego los estereotipos y el honor de las mujeres. En muchos casos son rechazadas por su familia y su comunidad, y en consecuencia, la mejor defensa del imputado consiste en atacar a la víctima por "provocativa", por "libertina", por "ser mujer de hábitos sexuales promiscuos", por "no ofrecer verdadera resistencia", por “no haber dicho que NO con suficiente firmeza”, por “haber coqueteado con él”. 
Sólo hace falta darse una vuelta por los juzgados, leer notas en el periódico sobre casos de violencia sexual, ver los noticieros o platicar con alguien víctima de este tipo de delito para darse cuenta que la que sale pediendo y la que sale juzgada es precisamente la víctima. Por todo esto, no es de extrañar que las mujeres eviten acceder a la cadena formal de justicia, los obstáculos institucionales exacerban estas presiones y presentan barreras adicionales para el acceso de las mujeres a la justicia. De hecho está comprobado en un estudio por ONU mujeres (El Progreso de las Mujeres en el Mundo) que son muy pocos los casos de violencia sexual a nivel mundial que terminan en sentencia y que más del 60% de los casos se quedan en el camino precisamente porque las instituciones le fallan a las víctimas, es más fácil que una mujer reporte un robo que una violación; según la ONU cada 15 segundos en el mundo una mujer es atacada.
Directo o indirectamente la sociedad enseña a las mujeres a que estén alertas para No ser atacadas o violadas pero no enseñan a los hombres a no violar, a no atacar o a dejar de ver a las mujeres como objeto. Cuando digo esto me refiero a la naturalización que hay entorno a la violencia sexual y la insistencia de preguntarse: “¿Y como iba vestida?”, “¿Para qué se viste así?”, ¿”Es que ella lo provocó pues estuvo coqueteando?”, “¿Que hacía sola a esas horas?”, “¿Para que se sube a un Taxi en esa colonia?”. Con esto no quiero decir que todos los hombres son unos depredadores sexuales, lo que quiero mas bien es señalar que a veces sin darnos cuenta culpamos a las víctimas, naturalizamos la violencia sexual y lo hacemos de una manera muy natural y colectiva. 
Me viene a la mente el caso reciente que sacudió a la India, el caso de Amanat, en el cual una joven de 23 años que iba acompañada de su novio fue violada por seis individuos en un camión de regreso del cine; el caso en el Estado de México reciente en el cuál seis mujeres fueron violadas cuando unos asaltantes tomaron como rehen un camión de pasajeros y dieron vueltas en el Valle de México por varias horas; el caso de una niña de 11 años que sufrió una violación tumultuaria y los periódicos incluyendo el New York Times responsabilizaron a la víctima por salir sola con alguien de mas edad; y como esos mil casos.
El problema real de la violencia sexual es que no hay cifras reales pues la mayoría no lo reporta, las que lo reportan son cuestionadas arduamente y en general salen perdiendo y que como sociedad hemos tolerado y naturalizado la violación responsabilizando a la víctima. Simplemente la ya muy famosa “Marcha de las Putas” nace a raíz de que unos policías canadienses dando una plática de seguridad personal le dijeron a un grupo de estudiantes que si no querían que las atacaran lo primero que tenían que hacer es no vestirse como putas. De ahí el mensaje que estamos dando y que debía ser al revés: “NO ME DIGAS A MI COMO VESTIRME, DILE A ELLOS QUE NO VIOLEN”.





jueves, 20 de diciembre de 2012

Maltrato Invisible


¿Maltrato invisible? Sí, es invisible porque goza de aceptación social, me refiero a la violencia psicológica, una de las formas de violencia más comunes que sufren las mujeres y que sin embargo muchas ni siquiera están conscientes de de ello.  La violencia psicológica como otras tiene sus primeras manifestaciones en las relaciones de noviazgo y casi siempre es minimizada o naturalizada, es decir, las víctimas de violencia confunden con amor agresiones en la vida cotidiana de un noviazgo como pueden ser los celos excesivos, los juegos agresivos, el acecho sobre todo en redes sociales como por ejemplo espiar la cuenta de la pareja de facebook o twitter, llamadas a todas horas por teléfono, mensajes todo el día, exigir que pase la mayor parte del tiempo con él, enojarse si pasa tiempo con su familia, alejarla de amigos y amigas y prácticamente el agresor intentará volverse indispensable en la vida de su pareja.  
Culturalmente estamos acostumbradas a que los celos significan amor, “entre mas me cela mas me quiere”, inclusive podemos llegar a pensar que si mi pareja no me cela entonces no me quiere. 
En una relación de pareja en ocasiones la víctima no se da cuenta que vive maltrato psicológico porque hay factores a su alrededor que le impiden ver el rumbo que esta tomando la relación; existe tanta desinformación del tema que alguien podría estar ejerciendo violencia sin saberlo, pues la misma sociedad ve como “normal”o “natural” algunas actitudes violentas que como no se manifiestan con golpes pues no le dan importancia.
En fin, puedo poner mil ejemplos pero quiero enfocarme a decir que la violencia “se refiere a toda acción u omisión que daña tanto física, emocional y sexualmente, con el fin de dominar y mantener el control sobre la otra persona”. Para ello se pueden utilizar distintas estrategias que van desde el ataque a su autoestima, los insultos, el chantaje, la manipulación sutil o presiones para tener relaciones sexuales.
Al principio algún comentario incómodo puede parecer como parte del juego entre los dos, pero luego puede tomar dimensiones tan grandes que incluso la víctima se siente tan mal que no logra identificar que le pasa, en ocasiones piensa que está exagerando pues “sólo son algunos comentarios y no es siempre” o “es que no debí de haber hecho tal comentario si no sé de lo que estoy hablando, él tiene razón”. Parece mentira pero el dicho: “a veces las palabras hieren mas que los golpes” es cierto, las mujeres que viven violencia psicológica desarrollan una serie de padecimientos físicos y psicológicos que difícilmente pueden superar y es que como lo he dicho varias veces el maltrato psicológico es en ocasiones tan sutil, tan cotidiano que daña por años sin saber si quiera que algo anda mal. No es necesario que existan insultos para que exista violencia psicológica, no es necesario insultar, también la indiferencia, el silencio, el aislamiento, las pequeñas prohibiciones, las pequeñas burlas que en ocasiones parecen chiste, las burlas a la imagen, la desaprobación y el chantaje son diferentes manifestaciones de este tipo de violencia.
Y ¿Como saber si estás viviendo violencia psicológica? Si te hace sentir mal, si tienes miedo de como va a reaccionar, entonces si vives violencia psicológica.
Para identificarla mejor tiene las siguientes características:
1. Pasa inadvertido por que goza de autorización social. 
2. Causa debilitamiento psicológico, depresión, suicidio y baja autoestima. 
3. Se siente un miedo constante. 
4. Vigilancia ininterrumpida y control estricto. 
  1. La imagen, el trabajo y en general las actividades de la mujer son objeto frecuente de sarcasmo y desprecio. 
  2. El silencio y aislamiento del agresor.
  3. Control absoluto del tiempo y espacio.
  4. Amenazas e insultos. 
8. Se utiliza para que la mujer se sienta culpable.
9. Intimidar con el objetivo de atemorizar para que la víctima incorpore el miedo a su vida
 10. Uso del privilegio masculino, o sea, actuar como “el hombre de la casa”. 
 11. Aventuras extramaritales.





jueves, 13 de diciembre de 2012

Feminicidio


La semana pasada el tema de esta columna fue el de la violencia física, señalé que la manifestación más extrema de la violencia física es la muerte, y hablando de violencia contra las mujeres esto se conoce como feminicidio.  
La situación de violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez ha sido el caso más notorio de los asesinatos de mujeres en México. En el plano internacional, la violencia contra las mujeres en dicha ciudad se convirtió en caso emblemático no sólo por el número de las asesinadas, sino por la brutalidad, la impunidad y la tolerancia social de los hechos, como lo señala el Informe Final de la Fiscalía Especial para la Atención de los Delitos Relacionados con los Homicidios de Mujeres en el Municipio de Juárez, Chihuahua. Casos como el de Campo Algodonero, Marisela Escobedo y su hija Rubí y Caso González por nombrar algunos han sido un parte aguas para el acceso a la justicia de las mujeres, también son el símbolo de la impunidad y la violencia del estado con lo que generalmente vienen acompañados estos casos, de hecho una constante en los asesinatos de mujeres es la brutalidad y la impunidad que los acompañan, generalmente se invisibiliza y no se quieren registrar como lo que son; notas de periódico en donde lo clasifican como “pleito de pareja” o “en un arranque de celos”, todo esto con la finalidad de que no se visualice el problema tan serio que es. 
Los homicidios de mujeres y niñas perpetrados por razones de género, es decir, aquellos que se realizan con dolo misógino, son la expresión más vil de la violencia extrema que se comete contra ellas. 

De hecho, uno de los grandes problemas para conocer la magnitud y características de los asesinatos de mujeres es su poca aparición en los registros oficiales. Los casos son registrados como cualquier cosa, menos como lo que realmente es, de ahí la importancia de nombrar y tipificar el término feminicidio dentro del código civil.
Como concepto, el feminicide (en inglés) fue planteado inicialmente por Jill Radford y Diane Russell en 2006, como una manera de distinguir y hacer patente la muerte violenta de una mujer, en oposición a los términos “homicidio” o “asesinato”, que predominan en la mayoría de las legislaciones; lo definen como el “asesinato misógino de mujeres cometido por hombres” .
Para dar una idea más concreta de lo que refleja en sí la palabra feminicidio, Ana Carcedo utiliza 5 características fundamentales para que sea considerado como tal: 
1. Conductas que sin conducir a la muerte dañan la integridad de las mujeres. 
2. Homicidios de mujeres por razones de género. 
3. Misoginia. 
4. Responsabilidad estatal. 
5. Impunidad. 

Aquí en Tabasco el delito de femincidio se tipificó apenas en marzo del 2012 y se define como: “quien por razones de género prive de la vida a una mujer. Éstas son: cuando exista o haya existido entre el activo y la víctima una relación de parentesco y otra relación de hecho, amistad o laboral, que implique confianza, subordinación o superioridad”.  Sin embargo, ha tenido y tiene pocos avances y muchísimos retrocesos.  En el caso de los asesinatos en Tacotalpa por ejemplo, la A.C Red Municipalista de Tabasco, señaló la extrema gravedad de estos delitos y que reúnen las características de Feminicidio, sin embargo,  sólo uno de los cinco implicados fue procesado por este delito, a los demás se les fincó responsabilidad por homicidio, violación, asociación delictuosa y encubrimiento por favorecimiento. Así mismo en su informe rendido el día 26 de noviembre del presente año, señaló que desde 2006 a la fecha se han registrado más de 160 asesinatos de mujeres en Tabasco, de estos casos en más de 50% se expresa crueldad y sadismo, características del Feminicidio.

¿Por que hay que tipificar los asesinatos contra las mujeres? Porque no se ha querido reconocer ni en los espacios públicos ni en los privados, que la violencia de género afecta principalmente a las mujeres y que no existe un entorno que favorezca su prevención, atención, sanción y erradicación. En México el asesinato de mujeres es grave, estos indicadores son sólo una muestra de las diferencias que prevalecen entre hombres y mujeres. La desigualdad, la falta de oportunidades, la violencia, y en general la violación a los derechos de las mujeres, requieren de la intervención urgente de los diferentes actores sociales y políticos de la entidad. Dejemos de verlo como un problema propio de las mujeres y empecemos a verlo como algo que nos debe ocupar a todas y a todos, tipificar el feminicidio no es un “capricho” de unas cuantas feministas, es una responsabilidad del Estado el cual está obligado por organismos internacionales de proteger los derechos humanos de las mujeres. 

Aquí el punto importante es hacer “visible lo invisible”, los asesinatos a mujeres han estado invisibles y naturalizados por años, es tiempo de hacer consciencia de lo que pasa a nuestro alrededor, en un reporte sombra entregado a la ONU para el “Comité de la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer” (CEDAW, por su sigla en inglés) destaca que: “pese a los avances legislativos e institucionales para amortiguar la discriminación de la mujer en el país, la violencia por género es un fenómeno común y las cifras oficiales de feminicidios han crecido en tres años. La incapacidad de las autoridades federales y estatales para garantizar la aplicación efectiva de muchos aspectos de la nueva legislación ha perpetuado la impunidad”.